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El quinto vagón

Hay un silencio voluntario a las 4:55pm en el metro de la ciudad de México haciendo antesala a la tempestad.

Las puertas del quinto vagón se abren con dificultad, a veces alguna no lo hace del todo. Algunos entran para encontrarse con los pasajeros que viajan en este vagón.

Recargados contra la puerta están los adolescentes que no pueden dejar de tocarse. Inmersos en ellos mismos no notan la nostalgia y hasta envidia que provocan en quienes los observan.

Sentada junto a la ventana está la niña con falda gris tableada y sweater verde, que toma este vagón sin adulto que le tome la mano desde que tenía doce años. Distraída por las líneas blancas que ve por la ventana ignora que este momento es una visión del resto de su vida.

Parada agarrando el tubo con una mano reseca de la combinación entre jabón barato y agua, la ama de casa carga con más de lo que puede. Bolsas, mochilas, culpa, verduras, cansancio y, pocas veces, afecto.

Sentado en una esquina olvidada del vagón está el hombre que siempre baja en “Eugenia”. La estación en la que nunca hay pasajeros esperando. Algunos se cuestionan la veracidad de esta estación, consideran seriamente sí en realidad es la entrada a un universo paralelo sólo habitado por este hombre.

El silencio es perturbado cuando se puede vislumbrar un producto por encima de las cabezas de los pasajeros. El producto es ofrecido en pares o tríos por una cantidad accesible de dinero.

El silencio regresa en forma de multitud. A pesar del escaso espacio personal entre pasajeros, ninguno emite algún sonido. Todos están más interesados en contemplar su existencia resbalándose por sus dedos que en desperdiciar palabras que se perderán entre los rieles y el aire sofocante.

El vagón se detiene por última vez, las puertas dejan salir al mar de individuos irreconocibles, la multitud se disipa en el andén. El quinto vagón cierra sus puertas pero no todos han bajado. Alguien aún escribe apresuradamente sobre sus piernas, ignorando que ha llegado al final del camino, continua adjudicando vidas a los desconocidos. Los vagones avanzan hacia la oscuridad del túnel de dónde su último pasajero jamás regresará.

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the (un)adult – Mariana S. Gaona cree que es complicada aunque no lo es. Siempre se aproxima a sus intereses con gran pasión y ciega impulsividad. Sueña en grande, a pesar de saber que la caída es más dolorosa. Ama la música, la literatura y el buen cine, aunque la mayoría de sus películas favoritas son comedias románticas.

1 Comment

  1. Marina says

    Este cuento corto es excelente, te toma de la mano, te hace vivir paso a paso, te saca una sonrisa y lo inesperado de la última línea. Felicidades

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